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lunes, 27 de enero de 2014

RESEÑA DEL LIBRO: EL REGRESO DE FANTOMAS, LA AMENAZA ELEGANTE DE GONZALO MARTRÉ

RESEÑA DEL LIBRO: EL REGRESO DE FANTOMAS, LA AMENAZA ELEGANTE
DE GONZALO MARTRÉ

Luis Nieto

La novela El regreso de Fantomas, la amenaza elegante del escritor Gonzalo Martré fue publicada en el año 2013, dentro de la colección “Los Heterodoxos”, editorial Universidad Autónoma Metropolitana. 

El texto se compone de un prólogo escrito por Carlos Gómez Carro, además de siete partes: Una utopía irrealizable. Las aventuras de Fantomas, la Amenaza Elegante, en Messico, durante el comienzo del siglo XXI, Una pequeña travesura de C-19; Los diamantes de la novia; “Operación Cortázar”: Fantomas contra los vampiros transnacionales; Robo al hombre más rico del mundo; Fantomas contra los masielarios de Cristo; Monseñor Millonésimo; Una noche en la ópera: Fantomas contra la usurocracia mundial. 

Luego de la aparición, tras doce años de supuesta ausencia, del gobierno parásito que permaneció por tantos años en el poder, era justo que también resurgiera un héroe, el cual pueda salvar esta situación tan apremiante.

Efectivamente, Fantomas regresa, ahora para ayudar a Messico, localizado en un mundo paralelo al nuestro. La amenaza elegante está más envejecida, pero todavía llena de deseos de salvaguardar a los ciudadanos, víctimas de las fechorías de tantos malvados.

Retorna con sus aliados, el Dr. Semo, C-19 y Alphaville XX1, además recluta nuevos integrantes para completar su equipo de trabajo, cinco bellas mujeres nombradas con los signos zodiacales: Aries, la creadora de los disfraces de Fantomas; Acuario, doctora en medicina; Tauro, abogada; Piscis, experta en artes marciales; y Sagitario, hacker y experta en cibernética.

Todos ellos se unen, guiados por la amenaza elegante, para enfrentar maleantes como: La Maestra Melba Mester Tortillo, el licenciado Mafio Clavio Poltrones, Gavioto Copetudo, Charlie Salinas Recortari, Rafita Moreno Calle, Lumberto Morera, el patán gober Precioso, don Millonésimo C. Empeda, Emigdio Balboa Ladrón, Milito Azcarracaga III, Carlos Mils, El jefe Pliego, Gerard García de Luna, Eduardo Cachondo Flores, Alberto Forrado en Plata,  Richard Chalinas Riego, Fecal, Lorberto Riviera, el padre Parcial Masiel, entre otros.   


Intensa labor la de este héroe enmascarado que debe combatir con muchos rufianes, ni el mismísimo Hombre Araña tiene tantos enemigos. Ojalá Fantomas estuviera en este mundo, en México, para acabar con esta plaga pricolor, la cual nos fastidia en cada momento. Queda en nosotros defendernos de esos malhechores para poder prosperar, no hay que dejarlo todo al héroe, no tenemos que esperar.

viernes, 11 de octubre de 2013

DESCUBRIR, DESPOJAR


imagen tomada de Internet
Descubrir, despojar

Luis Nieto

El acto de descubrir implica encontrar algo nuevo, es decir, algo que no se conocía. Es darse cuenta de algo. Esta acción, la de descubrir, conlleva una gran responsabilidad, ¿cómo manejarlo, cómo aproximarse, qué tanto se va a interferir favorable o desfavorablemente, será mejor no intervenir, ser sólo un observador?

Un descubrimiento puede darnos herramientas para solucionar ciertos problemas, también para evitar algunas acciones que puedan afectarnos. Es viable descubrir algún evento u objeto que haya pasado por inadvertido, pero ¿qué sucede cuando aquello encontrado no es algo, sino alguien, esto es, un ser humano o un conjunto de ellos?

No podemos simplemente adueñarnos de ese “descubrimiento”, no tenemos ningún derecho para interceder, robar, deformar lo que no nos pertenece. No podemos considerar a los seres vivos como parte de nuestra propiedad, aun si los hemos “descubierto”.

El acto de descubrir también implica quitar, muy emparentado con el acto de despojar que significa precisamente quitar.

Descubrir es quitar algo para poder encontrar alguna cosa (acción, evento, objeto). Despojar es quitar algo ajeno para quedárnoslo.

Descubrir algo revela, fascina, conmueve, pero cuando se cree que “descubrir” a alguien significa tener poder sobre él, se convierte en una acción cruel e injusta.

Descubrir alguna cosa no necesariamente quiere decir que uno es el primero en lograrlo. Los seres humanos no descubren seres humanos, no pueden apropiárselos como si fueran inferiores a ellos, ni tampoco deben quedarse con sus recursos y sus posesiones. Los seres humanos encuentran seres humanos, es una acción recíproca y coordinada, no subordinada. 

martes, 1 de octubre de 2013

"MATAN A LA GENTE, PERO NO MATAN A LA IDEA"

Fotografía tomada por Luis Nieto el 10 de junio de 2012

“Matan a la gente, pero no matan a la idea”[1]

Luis Nieto

Cuando las máscaras ya no alcanzan a cubrir la razón y la indignación, cuando las mentiras se ahogan a sí mismas, además el resentimiento absurdo supera el borde y la hueca reputación es revelada, también cuando las ideas no se pueden silenciar y el listado de las prácticas aberrantes se termina, se recurre a la más despiadada de ellas: liquidar a quien está en empatía con la razón, la ética, la paz, la justicia.

Llueven las balas letales, directas, sordas, “matan a la gente, pero no matan a las ideas”,[2] pues éstas singuen ahí, llegan a sus objetivos de manera más profunda y extensa que las balas.

Ideas de otros, de aquéllos que vivieron hace años. Ideas cargadas de fuerza, de sueños, de deseo, de esperanza. Ideas propensas a incorporarse en otros, nosotros, los de entonces, como decía Pablo Neruda, aunque no somos todos los mismos, la lucha es la misma.

Esos fantasmas de los que hablaba Paco Ignacio Taibo II, caminan con nosotros, nos impulsan, su lucha es nuestra lucha, son los pilares, los que nos levantan, los que nos reaniman. Los que sonríen cuando se despliegan nuestras banderas, nuestras pancartas. Son el impulso y el eco de nuestros cantos, de nuestros gritos. Sus huellas y nuestras huellas convergen.

Y cuando termine nuestro ciclo, nosotros seremos también esos fantasmas que impulsarán a las generaciones presentes y por venir, y lucharemos siempre todos, seremos su fuerza, sus pilares, su impulso, su ánimo…

Y algún día la bandera caída se levantará permaneciendo en la cima, victoriosa; la pancarta será desenvuelta y colocada en un museo, recordará que valió la pena cada momento de nuestra lucha; los cantos y los gritos quedarán en la memoria como marcas de nuestro tránsito significativo en este mundo.

La última sonrisa antes de partir será bien merecida, plasmará en nuestros rostros que fuimos felices, no importa por cuánto tiempo, pero que genuina y totalmente fuimos felices.    

Y aquéllos que poseen el poder, los expertos en enmascarar, siguen también cohabitando con nosotros, siguen presentes, siguen empequeñecidos por su mentalidad, siguen deseando el bien para sí mismos, para su grupo, su mundo, sus intereses… y así seguirán.

Han de saber que también nosotros seguiremos luchando cada día… como seres corpóreos o como fantasmas.


[1] Uno de los lemas de Rubén Blades (cantautor, político, abogado y actor panameño).
[2] Ídem. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

LA CAJA


LA CAJA
                                                               Luis Nieto


Antes del amanecer, las niñas se habían despertado. La mayor encontró una caja cuya tapa tenía una carta. La caja estaba sobre la mesa. La carta fue abierta por la niña, mientras su hermanita esperaba atenta para saber lo que contenía escrito.

Era un obsequio de su padre para ambas, ya que cumplen año el mismo mes. La menor a principios y la mayor a finales, aunque se llevan dos años de diferencia.

Era mediados de noviembre, hacía frío, y el regalo traía apenas un poco de felicidad a la casa.

Su madre salió el martes por la noche, hace casi una semana, ella no había regresado. Además su padre no vive con ellas, sólo esporádicamente envía regalos a las tres.  

Anochecía, las niñas no querían abrir la caja, no por miedo, sino era tal su tristeza que el sólo hecho de recibir algo de su padre, les era suficiente.

No dejaban de mirarse la una a la otra, ninguna siquiera hacía por voltear a ver la caja.

Se fueron a dormir. Había una calma que pesaba, era voluminosa, fatigante. Las vigas del techo crujían, caía el polvo. El viento soplaba entrando por las improvisadas ventanas, chuecas, remendadas.

Las niñas no tenían miedo, durmieron largo tiempo.

Amaneció, hasta a los grillos les pesaba emitir su canto. Se diluía en la espesura.

La caja seguía sobre la mesa. La carta en el suelo.

Un rayo de luz la cubría, dejaba entrever el escrito.   

La menor de ellas tomó la carta, la leyó, se quedó mirando a su hermana, volvió a tirar la carta al suelo, mientras la mayor salía al patio, en seguida su hermanita la alcanzó.
Estaban sentadas junto a un estanque, ahí les daba el sol, mejor que en otro lado.

A pesar de estar mejor situadas, viniera de donde viniera, el sol era insuficiente, sólo calentaba un poco las ropas y los cuerpos, nada más.    

Con esa insuficiencia, el sol era más cálido que una caja cuyo contenido, fuera cual fuera, no alteraría ni apaciguaría la ausencia, la calma, el frío, las sillas vacías.